miércoles, 25 de enero de 2012

“Pina” de Wim Wenders: Aprendiendo a mirar


Esta aclamada cinta alemana llegó a nuestro país como parte de la muestra del Festival de Cine Musical In Edit, a mediados de diciembre y desde allí no se ha movido de la cartelera. Además ya ha sido seleccionado entre las siete películas internacionales que compiten para el Oscar, entre otros muchos reconocimientos. ¿Qué es lo que explica que un documental sobre una coreógrafa y bailarina alemana cause tanto interés? Las razones son muchas...


El director Wim Wenders sabe filmar con destreza y cercanía, fenómenos escondidos. Gracias a él parte importante del mundo descubrió la riqueza y elegancia del son cubano en “Buena Vista Social Club”,  esta cinta vino a poner en relieve también el trabajo de un director que desde los años setenta y tanto desde Berlín, como desde Los Ángeles, viene desarrollando un camino constante –con, obviamente, algunas películas mejores que otras- que nos ha regalado hermosas imágenes que explicitan la interioridad de los personajes, en “Paris, Texas”, “El amigo Americano” y “El cielo sobre Berlín”, están algunas de las más recordadas.

Otro elemento que ha sido muy celebrado de este filme es el uso del 3D. Es emocionante ver como este recurso tecnológico se transforma en un recurso narrativo, permitiéndole al espectador estar en el escenario con los bailarines y sentir el movimiento del que ellos-y nosotros, ahora- somos parte. Wenders rescata este instrumento que había sido, hasta el momento, privilegio de las películas de acción y aventuras de Hollywood para demostrar que también puede ser un medio expresivo de un cine con mayores anhelos.

Pero para mí, lo más conmovedor de esta cinta es la belleza. La belleza de la danza, la belleza de los cuerpos, la belleza de la música, la belleza de Pina Bausch. Porque todas estas bellezas no son obvias y no están, necesariamente, en coherencia con los cánones que el ballet y las concepciones clásicas han considerados al interior del concepto de lo hermoso. Pero Baush y Wenders desafían esos conceptos convenciendo al espectador que no sólo la belleza está en los ojos de quien la mira, sino en quien, convencido de que eso que ve es bello, lo celebra y comparte con otros.

Desde la primera coreografía vemos cuerpos distintos, edades y etnias diversas que se mueven violentamente. La expresión no es de placidez, al contrario, pero es inquietantemente hermoso. Una de las bailarinas dice en el documental que Pina siempre comentaba que trabajaba con ángeles, otra señala que trabajar con Pina Bausch era sentirse un poco sobre humano. Esos rostros con arrugas y narices prominentes, que no son canónicamente bellos, esos cuerpos diversos que en cualquier otro contexto uno hubiese llamado “imperfectos” es lo más conmovedor de la película. Porque entre el trabajo de Baush y Wenders los ojos del espectador cambian, se sorprenden, se conmueven, dejan atrás las categorías y se vuelven libres como esos cuerpos que danzan al límite de sus posibilidades, expuestos a las emociones, libres.

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