viernes, 25 de enero de 2013

“Django sin cadenas”: Tarantino distinto y similar


La esperada nueva película de Quentín Tarantino rinde tributo a una de las referencias cinematográficas que más han marcado su cine: el western de los sesenta.  Manteniendo sus ágiles diálogos y buenas actuaciones, acá se echa en falta la destreza en el montaje de la histórica editora  de Tarantino, Sally Menke.

Cuando hablamos de autores cinematográficos a veces olvidamos que el cine es el trabajo de un equipo y que lo que reconocemos como “el cine de…” Tim Burton, Martin Scorsese o David Lynch no se debe sólo al talento personal de estos realizadores, sino a su capacidad de escoger y liderar equipos que construyen esa personalidad fílmica aportando desde sus diversas labores. Como la música en el caso de John Williams a las cintas de Spielberg o la fotografía de Wally Pfister para las películas de Christopher Nolan. 

Una de las marcas más reconocibles de la cinematografía de Quentin Tarantino es su dinámico y preciso montaje. La velocidad con que los distintos planos se mezclan en una escena, dándole mucha información al espectador y creando un efecto vertiginoso y de interés. Sally Menke fue la responsable del la edición de todas las películas de Tarantino, desde “Perros de la Calle” hasta “Bastardos sin Gloria”. Falleció en el 2010, a los 56 años, privando a Hollywood de una de sus mujeres más talentosas y a Tarantino de una de sus principales colaboradoras.

Porque si bien, el montaje de “Django sin cadenas” está a cargo del ayudante de Menke en “Kill Bill” queda claro que Fred Raskin no posee aún la destreza de su maestra o la personalidad para decirle a Tarantino cuanto y cuando debe cortar. Parece evidente que la mayor falencia de esta película está en su longitud y en la lentitud con que, en momentos, se desliza la historia a lo largo del metraje, lo que la pone –en mi perspectiva- en un nivel inferior a otras películas de este director.


Dejando eso aparte, “Django sin cadenas” es un filme interesante en muchos sentidos. La construcción de personaje es realmente notable. Jamie Foxx, Leonardo Di Caprio y Samuel L. Jackson están muy bien en cada uno de sus roles, pero el más encantador y eficiente de los personajes es, por lejos, el caza recompensas alemán interpretado por Christoph Waltz, quien está nominado al Oscar y ya recibió un Globo de Oro por este trabajo. Recordemos que en su anterior colaboración con Tarantino en “Bastardos sin Gloria” se llevó un premio Oscar a mejor actor secundario y el reconocimiento al mejor actor en el Festival de Cannes, entre otros.

Se le ha criticado a Tarantino el exceso de violencia y su representación de la esclavitud en esta película. Frente a estos dos observaciones: el mismo director ha dicho que no es posible mostrar la esclavitud sin desnudar la barbarie a la que fueron sometidos los afroamericanos antes de la abolición de la esclavitud, en esto estoy de acuerdo, hay hechos –por más ficción que sea la película- que no se deben suavizar, considerando además que la audiencia a la que se dirige Tarantino es un público joven que es probable que poco sepa de la historia de Estados Unidos y de la brutalidad con que se construyó esa nación. Por otro lado acá Tarantino está rindiendo tributo a dos de sus grandes maestros cinematográficos, el más obvio es el mayor representante del Spaguetti Western, Sergio Leone citado constantemente en lo visual y en la música con temas presentes en la película y que Ennio Morricone escribió para cintas de Leone. Por otro lado esta la muy potente influencia del gran Sam Peckinpah quien en los años sesenta renovó el western estadounidense a punta de personajes de moralidad flexible y matanzas en cámara lenta.

Por último vale la pena hacer mención al cameo de Franco Nero, quien encarnó a Django en la película de 1966 dirigida por Sergio Corbucci y que inspiró el nombre de esta, y del mismísimo Tarantino quien hace un pequeño rol con un gran e inolvidable final.  

2 comentarios:

  1. Fui a ver la película y por ser Tarantino mis expectativas eran muy altas.
    Me aburrí como nunca, me pareció mediocre, desde todo punto de vista. Concuerdo que el personaje del alemán era lo único valioso de la película, el resto era una burla.
    Incluso las escenas fuertes acerca de la esclavitud no conmovían a nadie, me impresioné más con Kunta Kinte. Y al final me pareció que se reían de mí, por perder mi plata y mi tiempo.
    No la recomiendo, ni por ser Tarantino
    JENNY

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  2. Yo que pensaba que lo cómico era algo muy fácil de criticar. Me dí cuenta que era al final lo más dificil, así que si bien he leído sobre el humor, aún no lo entiendo y por tanto no puedo criticar nada de esto. Solo de Tarantino puedo decir que me fascinó bastardos sin gloria, sin saber sinceramente a quién le hace burla.

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