miércoles, 20 de febrero de 2013

El lado bueno de las cosas: La locura es cuestión de perspectiva.


Con 8 nominaciones a los premios Oscar “El lado bueno de las cosas” ocupa este año ese espacio que los premios de la Academia Hollywoodense generalmente  dejan para películas de producción más pequeña, bien logradas y de personalidad algo excéntrica. Ese espacio que otros años ha tenido a “Juno” o “Pequeña Miss Sunshine” compitiendo por mejor película.

David O. Russel tiene un grupo de películas que lo han hecho distinguir por su acercamiento a lo complejo del carácter humano, su puesta en escena muy centrada en los personajes y su eficiencia en la dirección de actores. Su película anterior “The fighter”  (2010) le entrego premios de la Academia a Christian Bale y a Melissa Leo por sus roles secundarios. Este año los cuatro protagonistas de “El lado bueno de las cosas” (Silver Linings Playbook) – Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert De Niro y Jackie Weaver- están nominados a los Oscars en las categorías de actuación. Jennifer Lawrence ya se llevó un Globo de Oro por su protagónico en este filme.

Y aunque, como todo, los premios y sus elecciones son cuestionables, si son síntomas de la atención que ha logrado este filme y de su potencial de seguir causando interés en distintos territorios. Y es fácil entender porque ha logrado estos reconocimientos. “El lado bueno de las cosas” presenta una serie de personajes dañados, pero con buenas intenciones. Y logra superar el posible desagrado de la primera impresión ante estos personajes ruidosos y desequilibrados, para pasar a adentrarse con astucia en personajes más complejos y queribles y por los que es fácil para el espectador sentir primero curiosidad, luego cariño y finalmente desearles bien.

“El lado bueno de las cosas” es un drama y a la vez una comedia romántica. Y logra generar un buen balance entre ambos géneros sin perder el interés, algo bastante meritorio por su dificultad. Se mueve desde la densidad del conflicto de un personaje que no entiende muy bien la realidad y se resiste a los límites que le pone -para protegerlo- su familia, a un humor negro que utiliza estas mismas dificultades y por momentos, a guiños de las más comerciales películas de baile y romance.

La historia se centra en un joven hombre que luego de una crisis de violencia pasa varios meses en un siquiátrico y sale para retomar su vida, sin haber terminado su tratamiento y sin comprender que en estos meses las cosas han cambiado radicalmente. Lo interesante es que la manera en que David O. Russel construye la narración y presenta al resto de los personajes -con una cámara muy encima de ellos y evidenciando las dinámicas de sus relaciones- lo que nos hace estar constantemente pensando que si bien este hombre está bastante trastornado, el mundo que lo rodea no parece estar tanto mejor que él.

Quizá el mayor merito que tenga “El lado bueno de las cosas” vaya por ese exponer las locuras propias de cada familia, las obsesiones y particularidades que miradas desde afuera pueden parecer extravagantes, pero que desde adentro se comprenden perfectamente.  “El lado bueno de las cosas” es una película que entretiene y hace sentir bien, y aunque en algún momento pareciera caer en ciertos lugares comunes, uno le perdona los defectos por las risas y la complicidad lograda.

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